
Quiero hablar de una de mis pasiones como son todo el universo de las cuerdas y las prácticas que las engloban desde shibari, kinbaku, semenawa, las emociones que implican las cuerdas, el sentir, etc.
Para mi, aunque las cuerdas forman parte del BDSM, es un universo paralelo al mismo BDSM, porque la conexión que se crea entre atador y persona atada, es única e irrepetible, ya que no todas las personas te hacen sentir lo mismo.
Como una persona como yo, que ha pasado por diferentes manos en este arte, no todas las personas me han inspirado lo mismo y también los diferentes escenarios que se presentan.
Tengo que decir que las mejores experiencias que he tenido ya que ellas se transforman con el pasar del tiempo, pues han sido varias, ya que no puedo olvidar mi primera suspensión hecha de una forma básica y sencilla la tuve cuando me hallaba en Málaga, y una de las mejores sesiones en cuanto a cuerdas fue en plena naturaleza.
También quiero recalcar que no es lo mismo, disfrutar de una Jam de Shibari, ya que yo personalmente cuando he ido a una Jam, ha sido para socializar, comprender conceptos de los que se aplican allí y porqué no, tener la oportunidad de ser atada, como también digo que no es lo mismo disfrutar del Kinbaku Salón, ya sea que se organice en una fiesta como hacerlo de forma privada.
De la misma forma no es lo mismo estar atada por un hombre que estar atada por una mujer. Es más lo bueno que yo veo en cuanto al shibari, que es un universo apto para todo tipo de personas, indistintamente del rol que sea, porque a mi me han atado en suelo como hacer una suspensión, y también influye las personas no es lo mismo personas que llevan cierto tiempo de experiencia y personas que se están iniciando en este arte, y siempre he disfrutado porque cada persona es diferente, y me intento quedar con los puntos fuertes de cada persona, de cada lugar donde me ataron.
Que aquí lo que quiero resaltar, es que el shibari en todas sus formas, se puede combinar de forma infinita, dependiendo de lo que se quiera hacer tanto de hacer una simple suspensión como de llevarlo al terreno más sexual y erótico que se puede alcanzar con una persona, o incluso de conectarse con otras formas que escapan del control propiamente de lo reconocido.
Por eso para mí, el shibari es mi pequeño universo, en el que me dejo llevar, me dejo sentir, me dejo fluir, con las cuerdas y con la persona que me ata, ya que transmite su energía a mí y a la inversa, yo se lo transmito a la otra persona, en la que pueda disfrutar como una adolescente como la primera vez que te ponen cuerdas, cuando se entra en estado reflexivo y meditativo, cuando saca la naturaleza salvaje y sexual de forma espontánea y la naturalidad en estado puro, lo cual implica una gran receptividad de mi parte, para conocer gran parte de las formas que hay, para seguir aprendiendo de las cuerdas y de misma, para sentir con mayor intensidad, para volar con total libertad con las cuerdas, para conocer todas las emociones que implica y para seguir dejándome llevar.

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